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Nuestra historia

Tres generaciones, distintos caminos y un mismo destino: la empresa familiar.

Hay un dicho popular que dice “el padre la crea, el hijo la mantiene y el nieto la funde”. Cuando se habla de empresas familiares, ese suele ser una tendencia, pero como toda generalidad, hay una excepción. Así es la historia de la Inmobiliaria Pérez Olivera, un negocio familiar sanjuanino vigente por más de siete décadas gracias a las ganas, la voluntad y la posibilidad de apostar a lo nuevo de quienes tomaron el desafío de estar delante de la empresa.

Don Rogelio Pérez Olivera, un empresario visionario La historia de la inmobiliaria comenzó en 1949, cuando Rogelio Pérez Olivera dio los primeros pasos en el rubro. A los pocos años de crear el negocio, asocia a un empleado, creando así una de las inmobiliarias más tradicionales en esa época. “En ese momento se llamaba Pérez Olivera – Ventura Donper, y el slogan era “Los martillos que más trabajan”. Con Ventura Donper siguieron hasta más o menos los años '70, cuando se separaron en buenos términos”, recuerda Eliseo, hijo de Rogelio.

Tras la salida de su socio, Pérez Olivera asocia a la empresa a su hijo mayor, cuyo nombre era igual a su padre y seguía por el mismo camino. “Rogelio, mi hermano mayor, fue martillero y estuvo al lado de mi padre. Incluso cuando se pelearon, siendo mi hermano joven, se reveló y se abrió por su cuenta. Hasta se puso un local frente a la inmobiliaria”, recuerda Eliseo entre risas. La relación familiar se compuso y todo indicaba que Rogelio (H) se iba a quedar a cargo del negocio. Pero lamentablemente todo cambió cuando un accidente le quitó la vida. En ese momento, Rogelio padre estaba en plan de retiro, y tras la muerte de su hijo mayor, Eliseo, ingeniero electromecánico y presidente de la Empresa de Energía de San Juan, decide hacerse cargo de la inmobiliaria para ordenar el cierre.

“Yo me hice cargo por una necesidad de ordenar esto y poder entregar a los propietarios los bienes que habían dejado en buena forma”, menciona Eliseo. Pero la inmobiliaria le tenía otro destino preparado.

La segunda generación, un ingeniero a cargo de una inmobiliaria

Eliseo es el quinto hijo de Rogelio y se encontraba lejos del negocio familiar cuando su padre comenzó con los planes del retiro y cierre de la inmobiliaria. En ese momento se ofrece para ordenar la liquidación, pero lejos de ello, continuó trabajando. “Me entusiasmé, vi que podía hacer algo distinto, ponerle ideas nuevas y así fue. Rendí ante la Corte como corredor y estuve ejerciendo solo hasta el año '86, cuando se incorpora mi hijo mayor Maximiliano, quien es martillero también”, resalta Eliseo.

Al frente de Pérez Olivera estuvieron durante 20 años Eliseo y su hijo Maximiliano, quien, en el 2015, decidió dar un paso al costado y continuar con su carrera de corredor inmobiliario de manera independiente. Y es ahí cuando el ciclo se repite. “Él se va, quedo solo, y Leonardo, que es ingeniero industrial y estaba en el sur, tenía pretensiones de volver a San Juan y se ofreció a hacerse cargo de la inmobiliaria. Ahí se repetía el ciclo que había vivido con mi padre”.

Dos hermanos a cargo del negocio familiar y el desafío de llegar a los 100 años

Con la salida de Maximiliano y las intenciones de ir dejando de a poco el negocio de Eliseo, Leonardo decide tomar las riendas de la inmobiliaria en 2017. “Somos cinco hermanos, y como el más grande estuvo 20 años en la inmobiliaria, cada uno siguió su camino pensando que él iba a continuar, pero debido a su salida tomé la oportunidad y me gustó, me fue bien”, resalta Leonardo; quien durante 7 años se dedicó de lleno a su profesión como ingeniero industrial antes de la inmobiliaria.

Al llegar a San Juan, no solo asumió la dirección de la empresa, sino que además se formó para poder llevarla adelante. Se recibió de corredor inmobiliario y fue desarrollando distintos proyectos que ayudaron al crecimiento del negocio en el rubro. Con la pandemia del coronavirus durante el 2020, Eliseo se alejó más de la inmobiliaria, y Leonardo decidió invitar en sociedad a Amílcar, su hermano, quien, pese a parecer un acto salido de un guion, también es ingeniero.

“Hice la carrera de ingeniero eléctrico, trabajé en empresas de energía, estuve viviendo un tiempo en Buenos Aires y regresé prestando servicios para una empresa privada. Luego de un tiempo comencé a buscar algo por mi cuenta, Leo me propuso sumarme a la empresa, algo que me resultó no solo desafiante sino también divertido”, comenta Amílcar.

Sucede que en 2021, un trabajador dejó la empresa, lugar que fue ocupado por Amílcar. Tanto él como Leonardo remarcan el desafío de trabajar de manera independiente, pero también señalan lo interesante que es estar al frente de una empresa que han recorrido desde pequeños, pese a que no estuvo en las aspiraciones iniciales de ninguno ser parte de la misma.

Amílcar señala que, si bien es la última incorporación familiar, tanto él como su hermano mamaron la empresa desde pequeños. “Recuerdo una época, en la que teníamos una combi Volkswagen que tenía pintado el cartel de Pérez Olivera y cada vez que íbamos a cualquier lugar hacíamos publicidad. Una vez en una carrera del TC 2000 la ubicamos en la curva donde todoslos veíamos. La inmobiliaria llegaba a la publicidad nacional. También salíamos a colocar carteles, de chapa con madera. Y después, cuando terminamos el secundario, hacíamos cadetería. Tuvimos una pasada por la inmobiliaria sin ser inmobiliario”. Aun acompañados de su padre, Leonardo y Amílcar son ahora las cabezas al frente del negocio familiar que ha tenido altas y bajas, pero que pese a las eventualidades ha logrado sostenerse de pie y sigue haciendo historia en el rubro sanjuanino. “Somos jóvenes, tomamos el desafío y tenemos energía para seguir con la inmobiliaria hasta llegar a los 100 años”, finalizan ambos hermanos.